La «Paz Total», un fracaso total

Todos queremos la paz; sin embargo, en nuestro país ha sido muy difícil alcanzarla. La política de Paz Total del gobierno Petro resultó en otro intento fallido para conseguirla.
Intervención del Palacio de Justicia en conmemoración de personas desaparecidas en el marco del conflicto armado colombiano
La Paz Total, en lugar de acabar con la violencia, nos ha devuelto a los períodos oscuros del siglo pasado. 2016. Johana Botero. Wikimedia Commons. CC0.

La paz es un anhelo profundo que habita en los corazones de todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Cuando hay paz, todas las personas pueden desarrollar plenamente su aspiración a la felicidad. Cuando no hay paz, en cambio, el horror de la violencia impide este desarrollo humano. 

La búsqueda de la paz: un sueño difícil en la historia de nuestro país

Lamentablemente, la historia de nuestro país ha estado marcada por lo contrario: la violencia ha sido una constante a lo largo de toda nuestra historia. Desde las guerras civiles de comienzos del siglo XIX, pasando por la violencia bipartidista, hasta llegar al actual conflicto armado, la paz siempre ha sido un sueño que ha resultado elusivo para el pueblo colombiano.

El pico de violencia de nuestra historia ocurrió entre 1994 y 2006, doce años en los que la escalada de masacres, atentados, homicidios, secuestros, reclutamiento forzado, entre otros crímenes —cometidos por las guerrillas, las autodefensas y el Ejército— dejó un total de más de 200.000 víctimas. Eso sin contar las víctimas de desplazamiento forzado, cuya cifra asciende a millones.

Afortunadamente, la esperanza no abandonó al pueblo colombiano. Durante los años posteriores, la política de seguridad democrática del gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010) y las negociaciones de paz durante el gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018) lograron reducir la violencia en proporciones muy significativas. Después del gobierno de Santos, el conflicto armado quedó reducido a la violencia provocada por grupos marginales, como las disidencias de las extintas FARC y los llamados Grupos Armados Organizados (GAO). Ninguno de estos grupos era comparable en poder militar a las antiguas FARC o a las extintas AUC, quienes asolaron al país entre los años noventa y los dos mil.

Participación del gobierno de Chile y delegados de otros países en la ceremonia de la firma de los Acuerdos de Paz en La Habana, Cuba.
El acuerdo entre el Gobierno colombiano y las FARC de 2016 fue uno de los momentos en los que hubo mayor ilusión de paz en el pueblo colombiano. 2016. Gobierno de Chile. Wikimedia Commons. CC 2.0

La Paz Total, una mirada a los resultados de esta política

Es en este contexto que Gustavo Petro subió al poder presidencial prometiendo alcanzar la «paz total», priorizando la negociación con todos los grupos armados antes del enfrentamiento militar con estos. Después de haber visto el éxito de la negociación de Juan Manuel Santos, el país vio inicialmente con optimismo la intención de negociar con los grupos armados. Pero pronto las ilusiones de paz empezaron a decaer cuando el gobierno mostró posiciones cada vez más pasivas frente al accionar de los grupos armados: negociaciones y ceses al fuego sin reglas claras, crecimiento desbordado del narcotráfico, criminales activos exaltados como «gestores de paz», extorsiones en las grandes ciudades, entre otros factores que se fueron acumulando hasta crear una percepción de inseguridad total.

Pero más allá de las percepciones, es mejor mirar las cifras, que hablan con contundencia: el número de secuestros pasó de 223 en el 2022 a 701 en el 2025 —aumentando un 214%—; de estos, el secuestro extorsivo aumentó particularmente, pasando de 141 casos en el 2022 a 497 en el 2025 —aumentando un 252%—; el número de extorsiones pasó de 9.791 en el 2022 a 13.417 en el 2025 —aumentando un 37%—; y los actos de terrorismo pasaron de 742 en 2022 a 1.398 en 2025,aumentando un 88% — según cifras tomadas del Ministerio de Defensa. Además, aumentó el desplazamiento forzado, el cual en el 2025 ascendió a más de 200.000 desplazados y más de 100.000 confinados sólo en ese año, duplicando la cifra del año 2024, que es cercana a los 100.000 —de acuerdo con informe anual del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Preocupa aún más el aumento del pie de fuerza de los grupos armados, los cuales llegaron a más de 27.000 integrantes en diciembre de 2025. Este número está constituido por: 9.840 del Clan del Golfo, que fue el que registró más crecimiento en ese año en su pie de fuerza —un 30%; 6.810 del ELN; 4.019 en las disidencias al mando de Iván Mordisco, que tuvo un crecimiento en ese año del 23%; 2.958 en las disidencias al mando de alias Calarcá; 2.089 en la CNEB, disidencia de la Segunda Marquetalia al mando de alias Walter Mendoza; y otros que militan en grupos armados de menor alcance. Para dimensionar esta cifra, el pie de fuerza de los grupos armados en 2022 se estimaba en cerca de 15.000 miembros, lo que quiere decir que en tres años la cifra aumentó casi en un 100%.

Actores del conflicto armado en Colombia
El ELN es uno de los grupos armados que más se ha fortalecido en este gobierno. 2019. TV San Jorge. Wikimedia Commons. CC BY 4.0

¿Qué podemos concluir de todo esto para los próximos años?

Mirando estos datos, se observa que el conflicto armado no sólo ha crecido, sino que —debido al fortalecimiento de los grupos armados— los números indican que empeorará en los próximos años, continúe o no la política de Paz Total en el próximo gobierno. Una situación similar ocurrió en el primer gobierno de Álvaro Uribe (2002-2006), en cuyo caso —debido al fortalecimiento de las guerrillas y los grupos paramilitares durante el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002)— se vivió un período que fue uno de los más violentos de la historia del país, a pesar de sus logros en la recuperación del orden público.

Al igual que en 2002, no podemos dejar que la esperanza nos abandone, pues tenemos la posibilidad de elegir en las próximas elecciones a un político que no continúe la fallida política de Paz Total. Mientras tanto, el actual presidente pasará la historia como un gobernante que recibió un país en relativa calma y lo entregó cargado de violencia, con la fuerza pública disminuida y los grupos armados fortalecidos.