El pasado 31 de mayo se celebraron las elecciones presidenciales en Colombia. Con una participación histórica del 57,88%, el pueblo colombiano votó mayoritariamente por el candidato de derecha Abelardo de la Espriella y el candidato de izquierda Iván Cepeda, quienes obtuvieron el 43,74% y el 40,90% de los votos, respectivamente. Puesto que ninguno alcanzó más del 50% de los votos, estos dos candidatos se medirán en una segunda vuelta el próximo 21 de junio para decidir quién será el próximo presidente.
Los que decidimos apoyar a Paloma Valencia, Sergio Fajardo u otros candidatos en la primera vuelta nos enfrentamos ahora a la decisión de tener que elegir a quién apoyar en la segunda vuelta. Un proceso que se puede dificultar bastante para algunos, ya que los dos candidatos de la segunda vuelta representan dos posiciones radicales y contrarias en lo ideológico. Yo votaré por el candidato Abelardo de la Espriella y aquí expongo las razones de mi voto.
Al igual que en la primera vuelta, me inclino por un candidato que resuelva los problemas prioritarios que tiene el país. Por esa razón, a la hora de definir mi voto he evaluado cómo los dos candidatos podrían manejar las más grandes crisis que tiene el país en este momento: la de seguridad, la fiscal, la de la salud, y la energética. Y además de manejar estas cuatro grandes crisis, busco también que ese candidato mantenga la estabilidad institucional.
Iván Cepeda, el continuista
Al analizar primero al candidato Iván Cepeda, observamos que propone un continuismo de las políticas del actual gobierno, del presidente Gustavo Petro. Esto resulta problemático, pues las políticas del oficialismo son las que, precisamente, han agudizado las cuatro grandes crisis mencionadas.
La política de «Paz Total» de Gustavo Petro —con su pasividad frente al crimen— permitió el aumento de la criminalidad y el fortalecimiento de los grupos armados a tal punto que lograron casi duplicar su pie de fuerza en casi cuatro años, pasando de un poco más de 15.000 hombres en armas al comienzo del gobierno Petro a más de 27.000 hombres en armas a finales del año pasado.
Asimismo, el gobierno de Gustavo Petro agudizó la actual crisis de la salud. El desfinanciamiento de las EPS y las fallidas intervenciones estatales en algunas de las más grandes —es especialmente grave el caso de la Nueva EPS— causaron una escasez de medicamentos generalizada, así como demoras recurrentes para citas con especialistas y el acceso a tratamientos. Tal ha sido el daño al sistema de la salud que el número de tutelas en salud se disparó a 378.895 en 2025: un máximo histórico y más del doble de las 156.400 que se radicaron en 2022 —cuando Gustavo Petro inició su presidencia.

En el caso de la crisis energética, observamos que Gustavo Petro aumentó el problema al frenar la exploración de hidrocarburos en Colombia, lo que causó un desabastecimiento de gas natural, obligando a importarlo a precios más altos. Esto ha dejado a Colombia en riesgo de un apagón en los próximos meses ante la llegada de un extremo fenómeno de El Niño, fenómeno que seguramente será de gran dificultad para el próximo gobierno.
Por otra parte, la crisis fiscal se agravó en este gobierno con el aumento de la deuda neta a niveles del 57% del PIB, la cual será difícil de saldar debido al decrecimiento de la inversión y al estancamiento del crecimiento económico. Poco ayuda que el gobierno haya tomado medidas como el aumento desmedido del salario mínimo, lo que ha obligado al Banco de la República a subir sus tasas de interés para mantener controlada la inflación, a costa del crecimiento económico y de la inversión.
Aparte de estas crisis, el presidente Gustavo Petro y el candidato a la presidencia Iván Cepeda han liderado un proceso para crear una Asamblea Nacional Constituyente, una propuesta que debe ser rechazada por el pueblo colombiano, pues implica un grave peligro para la solidez institucional de Colombia. Aunque recientemente ambos manifestaron que se comprometen a retirar el proyecto, resulta difícil de creer que se desprendan de un elemento central en su programa de gobierno, pues en el programa de gobierno de Iván Cepeda se menciona la creación de una Asamblea Nacional Constituyente como parte del proceso para reformar la Constitución de 1991, llegando incluso a mencionar la palabra «constituyente» 26 veces en el texto.

Abelardo de la Espriella, la alternativa
Abelardo de la Espriella, por el contrario, ofrece propuestas alternativas a las políticas del petrismo, pues su proyecto político promete «mano dura» contra los grupos armados, así como la reducción del gasto público y la reanudación de la exploración de hidrocarburos. Sus propuestas resultan más favorables a atender las crisis actuales del país que el proyecto continuista del petrismo. Y más importante que esto, Abelardo de la Espriella no ha propuesto modificar la Constitución de 1991. Aunque muchos opositores dudan de su carácter democrático, lo cierto es que es menos riesgoso para la estabilidad democrática un Abelardo por cuatro años limitado por la Constitución de 1991, en lugar de ocho años donde el petrismo tomaría el control de instituciones fundamentales como el Banco de la República y la Corte Constitucional, socavando la división de poderes en el país.
Por último, si bien la falta de experiencia y el discurso de Abelardo de la Espriella pueden hacerlo parecer poco técnico, la elección de José Manuel Restrepo como fórmula vicepresidencial demuestra que se guía por criterios tecnocráticos a la hora de elegir los miembros de su gobierno. Esto permite vaticinar la aparición de más figuras con un perfil técnico en el gobierno en el próximo cuatrienio.
Abelardo de la Espriella resulta, por tanto, una figura más cercana a manejar las cuatro crisis del país ya mencionadas y, por ende, una persona más apropiada para llegar al cargo de la Presidencia. Colombia no puede elegir el continuismo que representa todos los errores del actual gobierno y la erosión de la institucionalidad del país. Colombia necesita una alternativa más capaz y mejor dirigida a solucionar los problemas del país. Es el momento de un cambio.