Colombia no necesita a un filósofo marxista-leninista en la presidencia

La candidatura de la izquierda colombiana combina las limitaciones de Aida Quilcué con la podredumbre intelectual de las ideas marxistas-leninistas de Iván Cepeda. Una fórmula que equilibra la improvisación que nace de la falta de rigor técnico con un carácter autoritario y destructivo ¿Es esto lo que necesita Colombia?
Si Iván Cepeda es «heredero», lo es de la cruenta ideología del Partido Comunista de Bulgaria (PCB) que participó activamente en su formación académica.
Si Iván Cepeda es «heredero», lo es de la cruenta ideología del Partido Comunista de Bulgaria (PCB) que participó activamente en su formación académica. Composición basada en «Fotografía de Iván Cepeda en la Plaza de Bolívar» y «Fotografía de Todor Zhivkov frente al VI Congreso del Partido SED en Berlín». 2018 / 1963. Autor desconocido / Archivo Federal de Alemania. Wikimedia Commons.

El riesgo que encarna Iván Cepeda es, en términos estructurales, más profundo que el que representó Gustavo Petro en su momento. Mientras este último ha puesto ruedas de arcilla a su proyecto —dada su inherente incompetencia—, el primero resulta más metódico, calculador y doctrinariamente perfeccionado. Mientras Petro hace alardes de sus «capacidades» en plaza pública —en dudoso estado cognitivo—, Cepeda opera desde la contención y la proyección de un carácter «noble» que le ha funcionado para moverse entre las sombras y construir un legado «silencioso» para su actual candidatura.

El desafío de cara a las próximas elecciones es que el país no termina de procesar que tras la fachada de parsimonia académica de Cepeda se articula un sistema de ideas cuya implementación a lo largo de la historia ha sido sistemáticamente hostil hacia la libertad individual y el equilibrio de poderes: las ideas marxistas-leninistas que hacen parte integral de su formación como filósofo durante la Bulgaria socialista.

Filosofía como arma: la educación en la Bulgaria socialista

Oficialmente conocida como la República Popular de Bulgaria (1946-1990), fue un Estado con uno de los modelos más ortodoxos de la órbita soviética bajo el liderazgo de figuras como Georgi Dimitrov y, posteriormente, Todor Zhivkov.

Para el Partido Comunista Búlgaro (PCB), en cabeza del Estado, la educación tenía una clara función ideológica: asegurar la lealtad al régimen y construir una herramienta de ingeniería social para formar una nueva «intelectualidad» fiel a las ideas marxistas-leninistas. Por consiguiente, la educación pasó a ser un servicio gratuito en todos los niveles, desde el preescolar hasta el doctorado. En la mente de los líderes del PCB, una persona dentro del sistema educativo era un miembro más del partido. 

Para asegurar la uniformidad de los contenidos educativos, el currículo era diseñado por el Ministerio de Educación en Sofía. No existía la libertad de cátedra en el sentido occidental en ningún nivel educativo. El conocimiento debía estar alineado con el materialismo dialéctico de Karl Marx y Friedrich Engels. 

El sistema búlgaro de la época se dividía en etapas rígidamente controladas donde el mérito académico no valía por sí solo cuando su familia no generaba esa «confiabilidad política» que requería el PCB. La mayoría de los jóvenes asistían a escuelas de formación técnica donde adquirían habilidades para el trabajo industrial. Otro número de jóvenes «privilegiados» asistían a la educación superior después de pasar por rigurosos exámenes para constatar, entre otras cosas, la lealtad del aspirante hacia las ideas del régimen búlgaro.

La Universidad de Sofía «San Clemente de Ohrid» —de donde se graduó como filósofo Cepeda—, durante el periodo socialista, funcionaba como un laboratorio de élite para el adoctrinamiento del Partido Comunista Búlgaro. En la Universidad de Sofía, el adoctrinamiento marxista-leninista no era una materia, sino la estructura en la que se asentaba el conocimiento. 

Carteles soviéticos en un puesto de votación abandonado en alguna antigua república soviética; uno de los carteles contiene la inscripción agitpunkt que eran oficinas locales establecidas por el Partido Comunista para realizar «agitación y propaganda». 2020. Wendelyn Jacober. Pexels. CC0

El camino de un doctrinario marxista en la Bulgaria socialista

Para ingresar a una institución como la Universidad de Sofía, era necesario presentar una certificación de la organización local del Frente de la Patria (Otečestven Front) que avalara la lealtad del estudiante. Por otra parte, para ingresar a las facultades de filosofía, historia o derecho, el aspirante necesitaba una recomendación de la Unión de la Juventud Comunista (DKMS). 

En los procesos de admisión se daba prioridad a los hijos de obreros y campesinos con un historial de resistencia contra el fascismo, o bien a antiguos miembros de las guerrillas partisanas. Entre tanto, los hijos de la antigua burguesía, de comerciantes, de industriales o de intelectuales «no alineados» enfrentaban cuotas restrictivas o el rechazo directo, cuando no la muerte.

Todos los estudiantes de educación superior, sin importar su área de formación, tenían como obligación asistir a cátedras en disciplinas como «Historia del Partido Comunista de la Unión Soviética y de Bulgaria» y «Materialismo Histórico» a la par que se prohibieron los desarrollos internacionales en ciencias sociales y humanidades. 

De acuerdo con un informe de la Unesco (2002), el sistema educativo búlgaro estaba diseñado específicamente para servir a una «sociedad doctrinaria con una economía de planificación centralizada». Entre las décadas de los setenta y ochenta —según el informe—, existía un desequilibrio entre las disciplinas: las ciencias sociales y las humanidades —como historia y filosofía— sufrían de una fuerte influencia ideológica soviética mientras áreas críticas para una economía moderna como la gestión comercial permanecieron en un segundo plano para el régimen.

Una vez el régimen cayó, las costuras de una educación doctrinaria fueron reveladas. Los egresados tuvieron dificultades para funcionar en un sistema social y económico que no era regido por las ideas marxistas-leninistas. Hoy, uno de los herederos de ese sistema fallido pretende alcanzar la presidencia de Colombia.

Desde su ingreso a la Unión Europea en 2017, Bulgaria ha ocupado, casi permanentemente, el último lugar en PIB per cápita y poder adquisitivo. Los estragos del socialismo aún se sienten. 2025. Ramon Karolan. Pexels. CC0

Las «trincheras» de Gramsci: la guerra de la que no se habla en Colombia

Iván Cepeda —como egresado de un programa académico infestado por el marxismo-leninismo— ha integrado a su visión política una serie de ideas peligrosas para la estabilidad política del país. El marxismo-leninismo no es solo una preocupación discursiva o una forma de activismo por la «justicia social», sino una metodología de control del poder y de las instituciones.

Mientras que el progresismo se mueve por sentimientos de «equidad», el leninismo de Cepeda encuentra su energía en la «teoría de la organización». Desde esta visión, el Estado es visto como el «comité administrativo» de la clase dominante que debe ser infiltrado, desmantelado y reconstruido. La «democracia burguesa» es vista como una herramienta de transición hacia una hegemonía distinta.

Para profundizar en la aplicación de las ideas del candidato del Pacto Histórico, no hay que perder de vista su admiración por el pensamiento de Antonio Gramsci. Bajo este paradigma, el Estado es una completa red de «aparatos de hegemonía» que incluyen la educación, la prensa, la justicia y la Iglesia. 

El peligro de Cepeda no reside en la agitación de masas, sino en su comprensión de la «guerra de posiciones» de Gramsci. Para él, las instituciones —la justicia, el legislativo, la prensa, la educación, la Iglesia— son «trincheras» que deben ser tomadas. Mientras un populista convencional choca constantemente contra el muro de las instituciones, el doctrinario académico promueve habitar las instituciones para subvertir desde dentro, convirtiéndolas en herramientas de un nuevo régimen. 

Así pues, la visión gramsciana del Estado de Cepeda no abandona el carácter autoritario del marxismo-leninismo ortodoxo que definió su formación como filósofo; al contrario, lo perfecciona en una versión más sofisticada, y por lo tanto, más difícil de detectar.

Las Fuerzas Armadas de Colombia han sido un pilar fundamental en la lucha contra las estructuras criminales, ¿por qué dinamitar su estructura ahora? 2010. Ronald Dueñas. Flickr. CC BY-NC-SA 2.0.

Iván Cepeda: una carrera al servicio de la erosión institucional

Toda la carrera política de Iván Cepeda ha estado al servicio de la polarización extrema, el debilitamiento del orden institucional y el repudio a las libertades económicas. Después de leer los bloques anteriores, usted debe hacerse una idea sobre las razones detrás de sus movimientos como político.

Para Cepeda, la institucionalidad liberal tradicional compuesta por el respeto a la propiedad privada, la seguridad democrática y la jerarquía militar es un error que debe ser resuelto desde las instituciones. Ante esto, sus herramientas de lucha constante han sido la acción judicial, la denuncia internacional y la presión legislativa para deslegitimar esos pilares fundamentales de la sociedad. 

El objetivo de Cepeda es un nuevo orden jurídico que resulta, «coincidencialmente», favorable a las estructuras criminales que se han alzado en armas contra el Estado colombiano. 

La labor del candidato de Gustavo Petro no es errática, es erosiva. Al abusar del litigio y la labor parlamentaria para atacar sistemáticamente a las figuras y símbolos del orden institucional, ha cumplido con la «guerra de posiciones» de Gramsci, ocupando las trincheras del Estado para que, cuando llegue el momento, el sistema ya esté corroído por dentro.

El país no necesita como presidente a un filósofo marxista-leninista cuya carrera ha estado al servicio de la ruptura institucional, sino a un arquitecto del consenso institucional y el desarrollo técnico.

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Georgieva, P. (2002). Higher Education in Bulgaria. UNESCO-CEPES.