En la actualidad, las redes sociales tienen un poder que nadie habría imaginado en sus inicios: el poder de viralizar personas con poca profundidad argumentativa e intereses manejados por lobbies políticos.
El algoritmo de las redes sociales suele beneficiar a aquellas cuentas que generan una gran cantidad de interacciones sin importar la calidad del contenido. Aquí es donde personajes como Diego Ruzzarín entran en acción, pues aprovechan su «carisma» para conseguir un gran número de adeptos que buscan un contenido político fácil de digerir.
Diego Ruzzarin es un brasileño radicado en México que fabrica contenido para plataformas como Youtube, Instagram y Tiktok. La especialidad de Ruzzarín es hacer apología a proyectos políticos de izquierda en América Latina, sin importar cuánto tenga que mentir para defenderlos.
Un ejemplo del servilismo de Ruzzarín con la izquierda latinoamericana es el short publicado el 20 de febrero de este año titulado “Declaraciones de Trump sobre Cuba”. En el vídeo corto, Ruzzarin culpó a las sanciones estadounidenses de la crisis humanitaria y económica que vive la isla. En realidad, Ruzzarin trata de desviar la atención sobre la causa real de la crisis en la isla: el modelo económico socialista.
Un bloqueo comercial que nunca existió: alimentos en Cuba
Ruzzarin mencionó en su short lo siguiente: «¿Por qué Cuba no tiene comida para sus habitantes?, porque están sometidos a sanciones y bloqueos desde hace décadas, por eso wey». De acuerdo con RFD TV —un canal de televisión estadounidense enfocado en agricultura y ganadería—, el sector privado de Estados Unidos en 2025 exportó alrededor de 444 millones de dólares en alimentos a Cuba, entre los cuáles se encontraban 253.343 toneladas métricas de pollo, 9.000 toneladas de cerdo, 7.500 de lácteos y 215.000 en bebidas no alcohólicas. Esto comprueba que el comercio entre el sector privado de Estados Unidos y Cuba se ha mantenido activo durante los últimos años. Por otra parte, Cuba también ha importado cantidades considerables de comida de otros países como Colombia, Chile y Uruguay. Esto contradice la tesis de Ruzzarín de forma categórica.

La inflación es responsabilidad del Estado cubano
Ruzzarin mencionó: «¿Por qué Cuba está sufriendo una crisis humanitaria? Literalmente, Estados Unidos es un maldito bully que no tiene ningún escrúpulo en tronarse a quien sea con tal de salirse con la suya». Esto contrasta con los datos, el déficit fiscal de Cuba en el 2025 fue de 88.500 millones de pesos cubanos, un equivalente a 3.687,5 millones de dólares estadounidenses. Esta información fue publicada en la ley presupuestaria del Estado cubano para el 2025, cuya fuente oficial es el Ministerio de Finanzas y Precios. Él déficit fiscal se está queriendo pagar con emisión monetaria, lo que genera inflación.
La constante búsqueda del pueblo cubano por medicinas
Ruzzarin mencionó en su short: «¿Por qué Cuba no tiene medicina para sus enfermos? Literalmente, los tiene (Estados Unidos) ahorcados, no entra absolutamente nada a la isla». Lo cierto es que Cuba no produce los medicamentos suficientes para cubrir las necesidades de su gente. Medicamentos como enalapril, amlodipino, atenolol y furosemida que trataban condiciones como hipertensión, hipotensión, insuficiencia cardiaca y angina de pecho se dejaron de producir por diversos factores entre los que se encuentra la falta de divisas.
Debido a la falta de divisas en la isla, los farmacéuticos no pueden importar materias primas y elementos claves en los procesos industriales. Algunos de esos elementos incluyen principios activos, excipientes, materiales biotecnológicos, maquinaria farmacéutica y sistemas de refrigeración necesarios para mantener en óptimas condiciones las medicinas. Paradójicamente, frente a esta situación, el gobierno cubano no tiene otro camino más que importar medicinas de países como Brasil, India, China y Egipto.
En materia de medicamentos, China ha sido el mayor proveedor de Cuba. El gigante asiático le vende a Cuba medicamentos como paracetamol, aspirina, penicilinas y cefalosporinas; así como principios activos y sus derivados. En 2025, China exportó alrededor de 5,03 millones de dólares en productos farmacéuticos a la isla.
Una vez más, Ruzzarín se equivoca al insinuar que las sanciones estadounidenses son culpables de la crisis humanitaria en Cuba.

¿Por qué hay tanta falta de combustible en la isla?
Ruzzarin comenta en su short: «¿Por qué Cuba no tiene petróleo y gasolina para sus aviones? Porque están sometidos a sanciones y bloqueos desde hace años… Una de las cosas que más me molesta de todo esto es que esto se hace gracias al apoyo que recibe el imperio americano de todos los lamebotas del sur global». Cuba siempre ha dependido de actores internacionales para su suministro de combustibles. A principios del Siglo XXI, la isla dependía de la producción venezolana casi en su totalidad. En tiempos de Hugo Chávez su gobierno fue muy complaciente con Cuba por afinidad ideológica. Esto fue aprovechado por el régimen de Fidel Castro que obtuvo petróleo que luego convertiría en dinero para sostener su aparato represivo.
En medio de la «bonanza», Cuba no sólo cubría su demanda, sino que también revendía productos refinados de ese petróleo. En los años con mayor alza en el precio del petróleo, Cuba llegó a recibir hasta 500 millones de dólares en productos refinados del petróleo que le daba el régimen de Caracas.
Sin embargo —hilando más fino—, el éxito del régimen de los Castro con el petróleo no fue gracias a Chávez, o su modelo económico, sino debido a las coyunturas internacionales que dieron como resultado un precio de barril de petróleo alto. Aquel precio internacional del barril de petróleo se debía en parte a él despertar de China cómo potencia, lo cuál generó más demanda de crudo y a guerras en medio oriente donde estaba Estados Unidos de por medio, entre otras coyunturas.
Entre más ingresos por petróleo obtenía Venezuela, más petróleo «barato» exportaba a Cuba. Esto creó un «espejismo» que a día de hoy muchos nostálgicos del Socialismo del Siglo XXI conciben como prueba del supuesto bienestar cubano previo a las sanciones.
El «Periodo Especial» en Cuba: los ecos de la caída de la Unión Soviética
A principios de los años sesenta, la revolución cubana liderada por Fidel Castro tomó el poder «a sangre y fuego». En un principio, Fidel Castro no se presentó como un socialista autoritario, sino como alguien que quería sacar a del poder a Fulgencio Batista —dictador entre 1933 y 1959. Ya en el poder, Fidel Castro se alió con la Unión Soviética y comenzó a aplicar el «libreto» socialista.
A raíz de la caída de la Unión Soviética, Cuba se había quedado sin su principal socio comercial. Durante la relación comercial entre ambos regímenes autoritarios, y de forma similar que con el régimen de Hugo Chávez, Cuba recibía petróleo a precios por debajo del mercado, lo que le permitía revender materias primas y productos derivados del petróleo a países como China, Bélgica, España y Canadá.
El régimen castrista era absurdamente dependiente de la Unión Soviética. Según un informe elaborado por la CIA en 1983 llamado “ Cuba: economics problems and prospects”, entre él 20% y el 30% del PIB de la isla dependía de los soviéticos. La fallida economía de la isla es la evidencia empírica de cómo una economía controlada por el Estado siempre falla.
La verdadera causa: la regulación excesiva del Estado
Cuando el Estado regula todo incentivo para la generación de riqueza ocurre el efecto contrario: se desincentiva la innovación en el mercado —y la sociedad. Históricamente, la generación de riqueza en la sociedad ha sido un efecto directo de la iniciativa privada, no del Estado. El Estado, por su parte, tiende a poner límites a la generación de riqueza mediante los impuestos. El efecto lógico y circular de esto es que la innovación se ve limitada en la sociedad.
Cuba necesitaba abandonar el sistema socialista, así como lo hicieron los países del Bloque del Este después de la caída de la Unión Soviética. Sin embargo, sus gobernantes prefirieron extender el legado de miseria hasta nuestros días. Personajes como Ruzzarin prefieren venerar la imagen de una Cuba sumida en la crisis antes que aceptar sus errores argumentativos. Esto porque el mecanismo de las redes sociales que usamos a diario los premian.
Como autores de medios digitales y creadores de contenido es nuestro deber moral hacer pedagogía y concientizar a las masas acerca de los focos de desinformación y la manera cómo, a través de el buen uso de palabras y la retórica, se puede hacer proselitismo a ideas erradas, así cómo también incitar a votar por proyectos políticos que lo tienen todo para fracasar.